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Esperanza Oña en Cenas con Chispitas: El verdadero poder

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Esperanza Oña en Cenas con Chispitas: El verdadero poder

La exalcaldesa de Fuengirola y exparlamentaria andaluza protagonizó un encuentro íntimo de Cenas con Chispitas en la terraza de Uppery Club, donde habló sobre el poder, la libertad y la capacidad de elegir de nuevo.

La terraza de Uppery Club acogió una nueva edición de Cenas con Chispitas, un encuentro concebido para descubrir desde el presente a Esperanza Oña, una mujer que ha dedicado gran parte de su vida al servicio público a través de cargos políticos. 

Durante la conversación tuvimos la oportunidad de conocer a una Oña diferente. Cercana, espontánea, divertida y profundamente reflexiva. Una mujer que, después de más de cuarenta años vinculada a la vida pública, comienza una nueva etapa desde un lugar distinto: la libertad de no ocupar ningún cargo y la posibilidad de decir exactamente lo que piensa.

La velada se celebró en un ambiente íntimo y distendido. Por parte de Uppery Club nos acompañó en esta ocasión Carmen Vera, siempre atenta al desarrollo del encuentro y a cada uno de los asistentes.

Una vez más, el personal de sala fue una auténtica maravilla. Profesionalidad, amabilidad y cercanía se unieron para conseguir que la experiencia fluyera con naturalidad. La propuesta gastronómica del chef Juan Muñoz acompañó la conversación y volvió a demostrar que la gastronomía puede convertirse en un hilo conductor de las mejores conversaciones.


 

Uppery Club como espacio anfitrión 

Carmen Vera nos dio la bienvenida en nombre de Uppery Club, espacio anfitrión de esta nueva edición de Cenas con Chispitas. Durante su intervención recordó la esencia de Uppery como punto de encuentro para empresas, profesionales y propuestas que favorecen las conexiones. También destacó que el restaurante de la terraza abre sus puertas al público general los jueves, viernes y sábados, con una programación que combina gastronomía, ambiente y conciertos en directo.

Una trayectoria marcada por Fuengirola y el Parlamento andaluz

Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla y profesora de Biología, Esperanza Oña inició su actividad política en Fuengirola en 1985. Fue alcaldesa de la ciudad durante más de dos décadas, con un breve paréntesis tras una moción de censura, y dejó definitivamente la Alcaldía en 2015 debido a la incompatibilidad entre este cargo y su escaño en el Parlamento de Andalucía.

Su trayectoria autonómica ha sido igualmente extensa. En el Parlamento andaluz ocupó responsabilidades como la Vicepresidencia Segunda y, posteriormente, la Vicepresidencia Primera de la Cámara. Durante su última legislatura fue presidenta de la Comisión del Estatuto de los Diputados, vocal de la Diputación Permanente y miembro de la Comisión de Salud y Consumo. Su etapa parlamentaria concluyó en junio de 2026.

Sin embargo, más allá de los cargos, los titulares y las campañas electorales, la conversación permitió acercarse a las decisiones, dudas, errores y aprendizajes de una mujer que reconoce haber vivido la política como su gran vocación.

 

Esperanza Oña: “Siempre se puede elegir de nuevo”

El título escogido para esta edición de Cenas con Chispitas fue “El verdadero poder”. Un concepto que no hacía referencia al poder institucional ni a la capacidad de transformar una ciudad desde un despacho.

La idea surgió de una frase que Esperanza Oña pronunció tiempo atrás durante una conversación personal:

“Siempre se puede elegir de nuevo”.

Durante la cena volvió a profundizar en esa reflexión:

“Siempre se puede elegir, incluso ahora mismo, de minuto en minuto. Nosotros somos creadores de nuestra realidad porque vamos tomando decisiones y considerando prioritaria una cosa sobre otra”.

Para Oña, esa posibilidad de elegir representa uno de los poderes más importantes del ser humano. Una capacidad que no depende de ocupar una alcaldía, formar parte de un parlamento o aparecer en los medios de comunicación.

“Cada uno tiene la oportunidad de renacer de nuevo cada día. Incluso cada minuto”.

La afirmación marcó el tono de una conversación en la que la política estuvo presente, pero siempre atravesada por una mirada humana, consciente y personal.

De la Medicina a la política por una nota bajo una puerta

Esperanza Oña estudió Medicina, aunque confesó que su verdadera vocación juvenil era ser veterinaria. Al no existir entonces facultad de Veterinaria en Sevilla y preferir sus padres que permaneciera en la ciudad, comenzó Medicina siguiendo los pasos de su hermano.

Aunque obtuvo buenas calificaciones y llegó a ejercer durante un breve periodo, nunca sintió que aquella profesión respondiera completamente a su vocación.

La política apareció de una manera casi accidental.

Un día, mientras estaba en una peluquería de Fuengirola, participó en una conversación en la que varias personas criticaban la situación de la ciudad. En medio de aquel intercambio, se sintió incómoda consigo misma.

“Pensé que no volvería a hablar ni a criticar a nadie si yo no era capaz de hacerlo mejor que las personas a las que criticaba”.

Decidió entonces afiliarse al Partido Popular. Sin embargo, cuando acudió a la sede local, la encontró cerrada. Volvió en tres ocasiones y siempre obtuvo el mismo resultado.

Finalmente escribió una nota:

“Me llamo Esperanza Oña. Si no estáis nunca, no ganaremos jamás”.

La introdujo por debajo de la puerta. Al día siguiente recibió una llamada para incorporarse al partido.

Aquella anécdota resume buena parte de su personalidad: determinación, ironía, iniciativa y una tendencia natural a pasar de la crítica a la acción. Poco después encabezaría la candidatura municipal del PP y comenzaría una etapa que cambiaría tanto su vida como la fisonomía de Fuengirola.

 

Esperanza Oña: “Yo creía que iba a cambiar el mundo”

Oña reconoció que llegó a la Alcaldía sin saber cómo funcionaba realmente un ayuntamiento. Tenía, eso sí, una voluntad firme de transformar la ciudad.

“Fui muy osada, muy atrevida, porque no tenía ni idea de cómo se organizaba un ayuntamiento. Solo tenía muchas ganas de hacer las cosas y de que todo fuera distinto”.

En aquellos primeros momentos estaba convencida de que podría cambiar el mundo. Con el paso de los años, aquella idea fue evolucionando.

“No tenemos que cambiar el mundo. Tenemos que cambiar nosotros para que cambien las cosas, las personas y las posibilidades que nos rodean”.

Esa transformación interior ocupó una parte importante del encuentro. La exalcaldesa defendió que no es posible reclamar la paz sin practicarla individualmente.

“Mientras no cambiemos interiormente, no vamos a cambiar nada de lo que vemos fuera”.

Aunque esta vertiente pueda resultar desconocida para una parte del público, explicó que siempre ha sentido inquietudes espirituales y se ha planteado preguntas profundas sobre la existencia, las creencias y el sentido de la vida.

Recordó incluso que, con unos catorce años, llegó a decirle a un sacerdote durante una confesión que no podía creer en Dios si le aseguraba que la reencarnación no existía.

Fuengirola como un proyecto compartido

La relación entre Esperanza Oña y Fuengirola fue otro de los grandes ejes de la conversación. Habló de la ciudad con emoción y gratitud.

“Fuengirola es algo que está muy dentro de mí. Es natural conmigo”.

Frente a la idea de que el desarrollo de la ciudad respondió únicamente a una voluntad personal, defendió que su objetivo siempre fue convertir cada iniciativa en un proyecto colectivo.

“Yo hacía reuniones para decir: esto tiene que ser un proyecto de ciudad. No es un proyecto de Esperanza Oña”.

También recordó la enorme responsabilidad que sentía al recibir la confianza de los ciudadanos.

“La que está agradecida soy yo. La que está totalmente obligada soy yo. Lo que me estaban dando era su confianza para cambiar las cosas”.

Esa visión del servicio público, aseguró, fue fundamental durante sus años en la Alcaldía y continuó acompañándola en el Parlamento de Andalucía.

Los errores, las críticas y la vanidad

La conversación no evitó algunos de los aspectos más incómodos relacionados con el ejercicio del poder. Esperanza Oña respondió con honestidad cuando se le preguntó si, después de tantos años rodeada de personas que podían darle la razón o buscar algo de ella, había sentido alguna vez el riesgo de dejarse llevar por la vanidad.

“Seguramente ha ocurrido. A veces no me habré dado cuenta. Seguro que he sido un poco vanidosa en algún momento”.

También reconoció que algunas de las críticas recibidas a lo largo de su carrera política pudieron estar justificadas.

“He tenido mis fallos, como todo el mundo. Seguro que muchas críticas han sido absolutamente merecidas y también creo que muchos aplausos han sido merecidos”.

Lejos de presentar una imagen idealizada de su paso por las instituciones, habló desde la perspectiva de quien entiende que cada persona actúa con las herramientas y el nivel de conciencia que posee en cada momento.

“Todos somos muy parecidos. Todos somos inocentes a veces y culpables otras. Normalmente hacemos las cosas lo mejor que sabemos”.

Esta mirada permitió descubrir a una Oña alejada de la imagen severa o inaccesible que, durante determinadas etapas, pudo proyectarse desde el exterior.

 

Las peculiares peticiones que recibe una alcaldesa

La cercanía de un alcalde con la ciudadanía dio lugar a algunas de las anécdotas más divertidas de la noche.

Oña recordó que hubo vecinos que acudieron a su despacho convencidos de que podía intervenir en cualquier aspecto de sus vidas. Algunos llegaron a pedirle que mediara para que sus hijos se reconciliaran con sus parejas.

También mencionó una situación especialmente habitual: ciudadanos que solicitaban la retirada de una multa argumentando que la habían votado.

Su respuesta era contundente:

“Si me has votado, lo que tienes que querer es que no te quite la multa. Porque, si te la quito, sería una persona deshonesta”.

Aunque aquella contestación no siempre era bien recibida, la anécdota sirvió para reflexionar sobre la integridad, la responsabilidad y la diferencia entre ejercer el poder y utilizarlo en beneficio propio.

Una nueva libertad después de la política

Tras cuatro décadas de vida pública, Esperanza Oña afronta ahora una etapa diferente. Durante sus últimos años en el Parlamento adoptó de forma voluntaria un perfil más discreto. Su despedida de la primera línea política le permite recuperar una libertad que considera especialmente valiosa.

“Ahora tengo la oportunidad y la libertad de poder decir exactamente lo que pienso”.

Reconoció que la disciplina de partido exige, en ocasiones, guardar silencio o defender posiciones con las que no se coincide completamente. No se arrepiente de su trayectoria, pero entiende que su nueva situación le permite hablar desde otro lugar.

Incluso aseguró haber advertido al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, de que no descarta convertirse en activista si considera que alguna causa lo merece.

“Si tengo que ponerme en la puerta del Parlamento a criticar algo, lo voy a hacer”.

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También quiso desmontar la idea de que los políticos constituyen una categoría humana diferente.

“Un político será bueno si como persona es bueno. Los políticos son cada uno como es y hacen lo que son capaces de hacer en su vida diaria”.

El verdadero poder de comenzar otra vez

La cena permitió recorrer buena parte de la trayectoria de Esperanza Oña, pero también observar el momento vital en el que se encuentra.

Después de haber tenido el poder de transformar calles, impulsar proyectos municipales, defender iniciativas parlamentarias y participar en algunas de las decisiones más importantes de la política andaluza, hoy parece interesada en otra clase de poder.

El poder de detenerse. De revisar lo vivido. De reconocer errores. De hablar con libertad. De escuchar las propias inquietudes. Y, sobre todo, el poder de elegir de nuevo.

Esta edición de Cenas con Chispitas nos dejó a una Esperanza Oña directa y reconocible, pero también más serena y vulnerable. Una mujer orgullosa de su trabajo, agradecida a Fuengirola y consciente de que ninguna trayectoria, por extensa que sea, está completamente escrita.

Porque siempre existe la posibilidad de tomar otra decisión. Aunque sea pequeña. Aunque solo afecte al siguiente minuto.

Y quizá sea ahí, lejos de los despachos y de los titulares, donde reside el verdadero poder.

 

 

 

La conversación no terminó con la entrevista. Continuó después, ya sin la estructura de las preguntas, en un intercambio más espontáneo en el que se cruzaron anécdotas compartidas, recuerdos de Fuengirola y reflexiones sobre asuntos más trascendentales. Fue entonces cuando el encuentro adquirió una dimensión todavía más cercana.


Más fotos del encuentro

 

 

 

 

 

 

 

Gracias, Esperanza Oña, por prestarte a abrir el corazón y mostrarte con tanta autenticidad en esta etapa de tu vida. Ahora que estás alejada de los focos y no necesitas ocupar ningún espacio público ni perseguir titulares, tu generosidad al compartir lo vivido adquiere un valor especial. Nuestro agradecimiento también a Uppery Club, a Cava La Vie en Rose, a Bodegas Acontia, al chef Juan Muñoz y a todo el equipo humano que hizo posible una velada cuidada, cálida y llena de buenos momentos.

La próxima cita de Cenas con Chispitas será el 11 de agosto, de nuevo en la terraza de Uppery Club. Una nueva noche para compartir conversación, gastronomía y conexiones con sentido.

Fotografías: María Jiménez

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