El 31 de agosto coloca a mucha gente ante la misma escena: se terminan las vacaciones, vuelve el despertador y septiembre aparece cargado de buenos propósitos. La vuelta a la rutina en septiembre puede ser un buen momento para recuperar hábitos, pero intentar cambiarlo todo de golpe suele provocar justo el efecto contrario.
Mañana empieza septiembre y, con él, regresan horarios, trabajo, colegios, compromisos y agendas que durante el verano habían quedado en segundo plano. También aparece esa peculiar sensación de que comienza una especie de segundo enero.
Gimnasio. Dieta. Madrugar. Leer más. Gastar menos. Organizar la casa. Retomar amigos. Dejar el móvil. Cocinar mejor. Hacer deporte. Dormir ocho horas. Y, a ser posible, empezar todo el mismo lunes.
Quizá el mejor propósito para este septiembre sea bastante más sencillo: no exigirnos recuperar en 24 horas el ritmo que abandonamos durante varias semanas.
La vuelta a la rutina en septiembre no necesita una transformación radical
Volver al trabajo después de vacaciones implica necesariamente reajustar horarios, sueño y obligaciones. Es normal que durante los primeros días aparezcan cansancio, cierta falta de concentración o poca motivación.
No significa necesariamente que exista un problema. El cuerpo y la cabeza también necesitan adaptarse.
El llamado síndrome postvacacional se utiliza habitualmente para describir ese periodo de adaptación en el que pueden aparecer apatía, irritabilidad, dificultad para levantarse temprano o sensación de estar desbordado ante la acumulación de tareas.
La clave está en no añadir otra carga innecesaria: la obligación de regresar convertidos en una versión completamente renovada de nosotros mismos.
Empieza por recuperar el sueño
Si durante agosto las cenas se han alargado, el despertador prácticamente ha desaparecido y las noches han terminado bastante después de lo habitual, probablemente este sea el primer hábito que conviene recuperar.
No hace falta acostarse de repente dos horas antes. Adelantar progresivamente la hora de dormir y de levantarse facilita que el organismo vuelva a acostumbrarse al horario habitual.
Además, descansar bien influye directamente en la concentración, el estado de ánimo y la energía con la que afrontamos la jornada.
Antes que estrenar una rutina deportiva exigente o una agenda perfectamente organizada, recuperar unas horas razonables de sueño puede ser una inversión mucho más eficaz.
No conviertas septiembre en una carrera de productividad
Las primeras semanas del mes suelen venir acompañadas de listas interminables.
La sensación de comenzar una nueva etapa invita a ordenar pendientes, establecer objetivos y recuperar proyectos aparcados. El problema aparece cuando todo adquiere la categoría de urgente.
Una estrategia sencilla consiste en dividir las tareas en tres grupos:
- Lo que realmente necesita resolverse esta semana.
- Lo que puede hacerse durante septiembre.
- Lo que simplemente nos gustaría incorporar en algún momento.
No todo lo importante tiene que empezar mañana.
Organizar septiembre también significa decidir qué puede esperar.
Recupera un hábito cada vez
Quien quiera volver al gimnasio puede empezar por caminar.
Quien quiera comer mejor puede comenzar organizando algunas comidas de la semana.
Quien necesite controlar sus gastos puede revisar primero sus pagos fijos antes de diseñar un complejo presupuesto anual.
Los hábitos suelen mantenerse mejor cuando son asumibles.
Una hora diaria de gimnasio puede parecer un gran propósito sobre el papel. Veinte minutos de actividad física tres veces por semana quizá sean bastante menos impresionantes, pero mucho más sostenibles.
Lo mismo ocurre con prácticamente todo.
La rutina funciona cuando cabe dentro de nuestra vida real.
Haz hueco también para algo que te guste
Volver a la rutina no debería significar volver únicamente a las obligaciones.
Una de las razones por las que septiembre puede resultar cuesta arriba es el contraste entre el tiempo libre de las vacaciones y una agenda que vuelve a llenarse de trabajo y compromisos.
Por eso conviene conservar pequeños espacios agradables dentro de la semana: Leer. Pasear. Tomar algo con alguien. Ir al cine. Cocinar tranquilamente. Hacer deporte. Reservar una tarde sin planes.
No necesitan ser grandes acontecimientos. Mantener actividades placenteras ayuda a que la vuelta al trabajo no se perciba como el final absoluto de todo aquello que asociamos al verano.
Cuidado con los propósitos de septiembre
Septiembre se ha convertido en un mes comercialmente perfecto para vender reinicios.
Cursos, gimnasios, dietas, métodos de organización, nuevos proyectos, cambios de imagen y aplicaciones para conseguir una vida más eficiente aparecen por todas partes.
Antes de apuntarse a todo, puede resultar útil hacerse una pregunta sencilla:
¿Quiero realmente incorporar esto a mi vida o me está seduciendo la sensación de empezar de cero?
Hay una diferencia importante. Los buenos propósitos funcionan mejor cuando responden a una necesidad concreta que cuando nacen únicamente de la presión del calendario.
Volver al trabajo después de vacaciones también requiere límites
Uno de los errores habituales de los primeros días consiste en intentar resolver inmediatamente todo lo que se acumuló durante la ausencia. Correos pendientes, mensajes, reuniones, llamadas y tareas pueden generar la sensación de que hay que recuperar varias semanas en una mañana. Priorizar evita entrar directamente en modo urgencia.
Revisar qué necesita respuesta inmediata, ordenar las tareas y establecer límites razonables durante los primeros días puede ayudar a recuperar el ritmo sin empezar septiembre completamente agotados.
Septiembre puede ser un comienzo sin convertirse en un examen
Existe algo agradable en los nuevos comienzos.
Estrenar agenda, recuperar horarios y plantearnos cambios puede proporcionar sensación de orden después del verano. No hace falta renunciar a ella.
Pero quizá podamos hacerlo desde otro lugar.
En vez de preguntarnos cuántas cosas vamos a cambiar este septiembre, podemos preguntarnos qué pequeño ajuste haría nuestra vida cotidiana un poco mejor.
Dormir antes.
Moverse más.
Comer con algo más de calma.
Ordenar las finanzas.
Recuperar una afición.
Ver más a determinadas personas.
Tener alguna tarde libre.
Solo una cosa para empezar.
Porque probablemente la mejor vuelta a la rutina no sea aquella en la que conseguimos hacer más desde el primer día, sino aquella que podemos mantener cuando llegue octubre.















