El edificio que hoy alberga el Gran Hotel Miramar de Málaga celebra su 100 aniversario en 2026 con una biografía poco común: nació como hotel de lujo, fue hospital durante la Guerra Civil, se transformó en Palacio de Justicia y volvió a renacer como cinco estrellas gran lujo frente al Mediterráneo.
Un siglo de cambios sin perder su carácter
La historia arranca en 1926, cuando el inmueble se inaugura como Real Hotel Príncipe de Asturias, concebido para situar a Málaga en el mapa de los grandes destinos turísticos europeos. El proyecto, firmado por el arquitecto Fernando Guerrero Strachan, apostó desde el inicio por una arquitectura monumental y espacios luminosos que miran al mar.
Durante su primera etapa hotelera (1926–1936), el hotel se convierte en un centro de vida social y cultural. Sus salones acogen celebraciones, banquetes y eventos que retratan a una ciudad burguesa, cosmopolita y con vocación de apertura.
La Guerra Civil (1936–1939) cambia el rumbo: el edificio es incautado y se convierte en Hospital de Sangre y Hospital Militar, poniendo su infraestructura al servicio de una función humanitaria en uno de los periodos más duros del país. Tras la contienda, llega una fase de transición (1939–1940), con cierre y obras para recuperar el uso hotelero en un contexto marcado por la posguerra y el aislamiento internacional.

El 21 de diciembre de 1940 se produce la reapertura oficial como Hotel Miramar. Empieza así una segunda etapa hotelera que se prolonga hasta 1967, con años de recuperación y una modernización importante en 1954, además de una ampliación en 1959. A partir de los sesenta, el ritmo se apaga: el declive culmina con el cierre definitivo en 1967 y un largo periodo de abandono y debate sobre su futuro.
La tercera gran transformación llega en 1987, cuando el Ministerio de Justicia adquiere el edificio y lo adapta para sede del Palacio de Justicia de Málaga, función que desempeña hasta 2007. El interior se reconfigura por completo para usos administrativos, pero el conjunto mantiene su presencia monumental en la ciudad.

El último giro es el más simbólico: en 2008 lo adquiere Hoteles Santos y, tras iniciar en 2013 una rehabilitación integral, el proyecto culmina en 2016 con la inauguración del actual Gran Hotel Miramar, recuperando su destino original como gran hotel con estándares de lujo contemporáneo.
Qué significa este aniversario para Málaga
Cumplir 100 años no es solo sumar fechas: es confirmar que el edificio ha sido espejo de la propia evolución de Málaga, desde el esplendor de principios del siglo XX hasta su proyección internacional como destino turístico de alto nivel. La clave está en su capacidad de reinventarse sin perder identidad: la ubicación frente al mar, el peso arquitectónico y el papel de “lugar de encuentro” han permanecido, aunque cambie su función.
Si vas a visitarlo con mirada urbana (más allá de la experiencia hotelera), fíjate en tres cosas:
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La arquitectura exterior y su escala, pensada para impresionar desde 1926.
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La huella de sus etapas: hotel, hospital, justicia y hotel otra vez, como capas de ciudad.
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La relación con el Mediterráneo, que sigue siendo su gran “escenario” y el hilo conductor de su prestigio.











