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La Térmica recupera a Irene González con una muestra sobre memoria, tiempo y pérdida

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La Térmica recupera a Irene González con una muestra sobre memoria, tiempo y pérdida

La Térmica vuelve a contar con Irene González en su programación expositiva con Si recordar fuera olvidar, un proyecto coproducido junto al Museo de Arte Contemporáneo de Vigo (MARCO), donde ya pudo verse entre octubre de 2025 y enero de 2026. La artista malagueña regresa así al centro cultural tras su paso por el programa de residencias, ahora con una propuesta que profundiza en una de las líneas esenciales de su trabajo: la fragilidad de la memoria y su vínculo con la ausencia.

Durante la inauguración, el vicepresidente de Cultura, Manuel López Mestanza, destacó que esta exposición encaja en la línea de apoyo de La Térmica a la creación contemporánea ligada a artistas malagueños. En ese marco situó también otras propuestas individuales y programas impulsados por el centro, consolidando su papel como espacio de impulso para voces actuales del arte.

El título de la exposición, tomado de un poema de Emily Dickinson, ya anticipa el tono del proyecto. Si recordar fuera olvidar plantea que la memoria no siempre fija ni conserva, sino que también transforma, desdibuja y deja atrás. Esa tensión entre lo que permanece y lo que se pierde atraviesa toda la obra de Irene González.

 

Un trabajo de dibujo que se aleja de la inmediatez

En esta exposición, el dibujo funciona como lenguaje principal. Irene González construye sus piezas desde la lentitud, la observación y la atención al detalle, en una práctica que se sitúa deliberadamente al margen de la rapidez visual contemporánea. Sus obras sobre papel exploran la fragmentación, la repetición y la relación entre imagen y vacío, generando una narrativa íntima que invita al espectador a mirar sin prisa.

Más que ofrecer una lectura cerrada, la muestra propone una experiencia sensorial y emocional. Hay en ella silencio, suspensión y una forma de habitar el tiempo distinta a la habitual. La exposición no busca imponer un significado, sino abrir un espacio de contemplación donde cada imagen dialoga con el recuerdo, la desaparición y la huella de lo vivido.

Ese planteamiento conecta además con el cine, no solo como referencia visual, sino también como forma de pensar la memoria a través de secuencias, atmósferas y vacíos.

Un ciclo de cine amplía la exposición en La Térmica

La propuesta se completa con un ciclo de cine programado en La Térmica los días 20 de marzo, 9 de abril, 29 de abril y 15 de mayo. Las proyecciones refuerzan el universo conceptual de la muestra y amplían su diálogo con otras formas de imagen y narración.

El programa incluye El espejo (1975), de Andréi Tarkovski; El otoño de la familia Kohayagawa (1961), de Yasujirō Ozu; una sesión dedicada a los cortometrajes de Maya Deren —Meshes of the Afternoon (1943), At Land (1944) y Ritual in Transfigured Time (1946)—; y Jeune femme à sa fenêtre lisant une lettre (1983), de Jean-Claude Rousseau.

Cada sesión contará con presentaciones y coloquios posteriores a cargo de José Manuel Mouriño, Juan Ortiz y Paloma López Villafranca. El ciclo culminará con un encuentro con la propia Irene González, que incluirá una visita guiada a la exposición y una conversación abierta con el público.

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Irene González, una trayectoria consolidada en el dibujo contemporáneo

Nacida en Málaga en 1988, Irene González es licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Granada, donde también cursó el Máster en Dibujo: Creación, Producción y Difusión. Su trabajo ha formado parte de exposiciones individuales como Lo personal y lo lejano, presentada en la Galería Silvestre de Madrid en 2023, y también ha estado presente en ferias internacionales como Drawing Now Paris.

Actualmente vive y trabaja en Madrid, y mantiene una línea de investigación artística centrada en el dibujo como herramienta de pensamiento, percepción y memoria.

Una exposición para ver sin prisa

Si recordar fuera olvidar no es una muestra para recorrer deprisa. Pide pausa, atención y disposición para entrar en una obra que no busca el impacto inmediato, sino una relación más silenciosa con la imagen. Para quienes siguen la escena del arte contemporáneo en Málaga, y para quienes disfrutan de exposiciones que dejan poso, esta cita en La Térmica merece una visita antes del 24 de mayo.

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