De los templos de Kioto a las tazas de medio mundo, este polvo de té verde molido ha pasado de ser un ingrediente exótico a un pilar del bienestar diario por su capacidad de ofrecer energía sostenida sin el nerviosismo de la cafeína tradicional.
Un proceso de elaboración que marca la diferencia
El matcha no es una infusión común. A diferencia del té verde convencional, donde las hojas se retiran tras el reposado, aquí se consume la hoja entera pulverizada. Semanas antes de la cosecha, las plantas de té se cubren para protegerlas del sol directo. Este estrés lumínico dispara la producción de clorofila y L-teanina, un aminoácido que define su perfil nutricional. El resultado es un polvo que se bate directamente en agua o leche, permitiendo que el cuerpo absorba el 100% de sus nutrientes.

Energía sin taquicardia: la ciencia tras el «punch»
La gran ventaja competitiva del matcha frente al café es la gestión de la energía. Mientras que el café provoca un pico de cortisol seguido de una caída brusca, el matcha libera cafeína de forma gradual durante cuatro o seis horas. La L-teanina actúa como un modulador, promoviendo un estado de «alerta relajada». Es la razón por la cual los monjes zen lo utilizaban para meditar: mantiene el cerebro enfocado sin la agitación física de otros estimulantes.
Mitos y realidades: ¿es realmente un quemagrasas?
La narrativa del marketing ha elevado al matcha a la categoría de producto milagroso, pero conviene separar el grano de la paja.
-
¿Acelera el metabolismo? Sí, gracias a las catequinas (especialmente el EGCG), que ayudan en la oxidación de grasas, pero su efecto es complementario a una dieta equilibrada, no sustitutivo.
-
¿Es un detox? El concepto de «detox» es fisiológicamente impreciso; el cuerpo ya cuenta con hígado y riñones para esa función. Lo que sí hace el matcha es aportar una carga masiva de antioxidantes que combaten el daño celular.
-
¿Sabe siempre bien? No. El matcha de baja calidad (grado culinario) es amargo y amarillento. El auténtico matcha ceremonial es dulce, umami y de un verde eléctrico.
Cómo identificar el matcha de calidad
Para no caer en decepciones gastronómicas, fíjate en el color y el origen. Un buen matcha debe proceder preferiblemente de regiones japonesas como Uji o Nishio. El color debe ser verde neón; si tira a marrón o verde oliva, está oxidado o contiene tallos. En boca, la textura debe ser fina, casi como un polvo de maquillaje, desapareciendo al contacto con el agua sin dejar grumos arenosos.










