El miércoles 4 de marzo de 2026, a las 16:30, el Auditorio Joan Hunt (Benalmádena) acoge el taller vivencial “Hay una puerta ahí”, una experiencia guiada con Enric Benito y Elisa Romero para abordar la vulnerabilidad, el sufrimiento y el cuidado desde la presencia, incluso cuando parece que “no hay salida”.
La propuesta, organizada por Fundación Cudeca, se apoya en fragmentos del documental Hay una puerta ahí, que recoge conversaciones entre Benito y Fernando Sureda, un paciente uruguayo con ELA que reflexiona sobre su proceso y su deseo de decidir sobre el final de su vida. A partir de esa proyección parcial, el taller abre espacios de reflexión personal y diálogo para aterrizar aprendizajes aplicables tanto a lo íntimo como a lo profesional.
Un taller para aprender a acompañar sin “recetas” y con más presencia
El corazón del taller vivencial Hay una puerta ahí es sencillo: crear un espacio seguro donde mirar de frente lo que muchas veces se evita —la incertidumbre, la pérdida, el miedo— y transformar esa mirada en una forma de acompañar más humana.
Enric Benito, médico humanista y referente en cuidados paliativos, y Elisa Romero, enfermera de cuidados paliativos en Cudeca, conducen la jornada desde el acompañamiento espiritual y el cuidado emocional, con una metodología que combina materiales audiovisuales, silencio, conversación y guía.
¿A quién va dirigido?
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Personas que cuidan o han cuidado a familiares o seres queridos.
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Cualquier persona que quiera reflexionar sobre la vida y la vulnerabilidad con una mirada consciente.
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Profesionales sanitarios: medicina, enfermería, psicología, trabajo social, etc.
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Profesionales del acompañamiento, la educación o el ámbito social.
Objetivos para profesionales sanitarios y sociosanitarios
El taller propone herramientas y enfoque para:
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Profundizar en un acompañamiento más consciente y humano, especialmente en situaciones límite.
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Integrar recursos de presencia y cuidado emocional en la práctica cotidiana.
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Revisar el impacto personal del cuidar y la importancia del autocuidado del cuidador para sostener a otros sin romperse.
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Compartir experiencia con perfiles distintos, ampliando la comprensión del sufrimiento desde miradas complementarias.
Objetivos para personas no profesionales
Para quienes acompañan desde lo personal, la jornada busca:
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Comprender mejor lo que ocurre en la vulnerabilidad y el final de vida sin tecnicismos.
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Encontrar claves para acompañar desde la escucha y la presencia, sin la presión de “saber qué hacer”.
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Disponer de un espacio seguro para mirar la pérdida y la incertidumbre, propias y ajenas.
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Salir con un aprendizaje práctico: acompañar mejor no siempre es hacer más, sino estar de otra manera.

El valor de la mezcla: profesionales y no profesionales, juntos
Uno de los rasgos más interesantes de la propuesta es su formato compartido. No separa “expertos” y “familiares”, sino que los sienta en el mismo espacio. La diversidad no es un detalle: es parte del método. Poner en común lo vivido —desde la consulta, el domicilio, la habitación del hospital o el salón de casa— ayuda a entender que el cuidado tiene muchas formas, y que todas necesitan sostén.
La recaudación del encuentro se destina a apoyar la labor de Fundación Cudeca, dedicada a ofrecer cuidados paliativos y apoyo a familias.
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